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EstrategiaPor qué los planes estratégicos no salen del papel
La investigación muestra pérdidas relevantes entre lo que la estrategia promete y lo que entrega. Las causas más frecuentes están en la calidad del plan y en la coordinación entre áreas, no en la falta de disciplina.
Todos los años, en algún momento entre septiembre y diciembre, los equipos directivos se reúnen para revisar la estrategia. Salen del encuentro con una presentación bien hecha, media docena de objetivos y una lista de iniciativas. En marzo, la mitad de las iniciativas ya perdió prioridad frente a urgencias operativas. En junio, pocos gerentes pueden decir cuáles eran los objetivos.
Este patrón es conocido y está documentado. Lo que cambia de una empresa a otra es dónde, exactamente, se rompe la cadena.
El tamaño de la pérdida
Mankins y Steele (2005) estudiaron 197 grandes empresas y concluyeron que, en promedio, realizaban solo el 63% del valor financiero que sus propios planes estratégicos proyectaban. Los autores enumeraron las causas más citadas por los ejecutivos: recursos insuficientes o no disponibles, estrategia mal comunicada, acciones necesarias poco definidas, responsabilidades poco claras y seguimiento insuficiente.
Diez años después, Sull, Homkes y Sull (2015) encuestaron a miles de gerentes en cientos de empresas. Uno de los resultados más citados: solo el 55% de los mandos medios podía nombrar al menos una de las cinco principales prioridades de su empresa. Los autores también mostraron que la coordinación vertical funcionaba razonablemente bien, con la mayoría de los gerentes diciendo que podía contar con jefes y subordinados directos, mientras que la coordinación entre áreas era el eslabón débil: solo el 9% afirmó poder contar siempre con colegas de otras funciones y unidades.
Cinco puntos de ruptura
1. El plan no es una estrategia. Rumelt (2011) describe el núcleo de una buena estrategia con tres elementos: un diagnóstico que explica el desafío, una política orientadora que define el enfoque y acciones coherentes entre sí. Muchos planes se saltan el diagnóstico y van directo a las metas. "Crecer 15% al año" es una aspiración, no una estrategia. Sin explicar qué impide ese crecimiento hoy, las iniciativas se convierten en una lista de deseos.
2. Demasiadas prioridades. Cuando todo es prioritario, la gerencia media elige sola qué hacer, y cada área elige distinto. Es común encontrar planes con más de veinte iniciativas "estratégicas" para una empresa de 500 personas.
3. Presupuesto desconectado. El plan se aprueba en una reunión y el presupuesto en otra, con otra lógica. Kaplan y Norton (2008) dedicaron una parte relevante de The Execution Premium a este problema, proponiendo un sistema que une planificación estratégica, planificación operativa y presupuesto en un ciclo único.
4. Coordinación horizontal débil. El dato de Sull y sus colegas es revelador. Las iniciativas estratégicas casi siempre dependen de más de un área, y los rituales de gestión suelen ser verticales: cada director revisa sus indicadores con su equipo. Nadie revisa las dependencias.
5. Revisión como rendición de cuentas y no como aprendizaje. Las reuniones de seguimiento que solo pintan indicadores de verde, amarillo y rojo no cambian decisiones. Cuando un objetivo lleva tres trimestres en rojo y no se reasignó nada, la revisión se volvió ritual.
Cómo identificar dónde se rompe su cadena
| Síntoma | Probable punto de ruptura | Pregunta para la dirección |
|---|---|---|
| Los gerentes no saben citar las prioridades | Demasiadas prioridades o comunicación débil | ¿Cuántas prioridades tenemos de verdad? ¿Caben en una diapositiva? |
| Iniciativas aprobadas sin presupuesto ni personas | Presupuesto desconectado | ¿Qué iniciativa estratégica recibió recursos quitados a otra área? |
| Proyectos trabados en las interfaces | Coordinación horizontal | ¿Quién arbitra conflictos entre áreas en iniciativas compartidas? |
| Metas ambiciosas sin explicación del obstáculo | Falta de diagnóstico | ¿Qué impide, concretamente, el resultado hoy? |
| Indicadores en rojo durante varios ciclos | Revisión sin consecuencia | ¿Cuál fue la última decisión de reasignación tomada en una revisión? |
Qué funciona en la práctica
Según nuestra experiencia con empresas medianas, tres ajustes producen más efecto que cambiar de metodología de planificación.
El primero es limitar las prioridades corporativas a un número que quepa en la memoria, entre tres y cinco, y escribir para cada una un diagnóstico de un párrafo. El ejercicio obliga a la dirección a discutir causas y no solo metas.
El segundo es crear un foro mensual breve, separado de las revisiones por área, dedicado solo a las iniciativas que cruzan fronteras. La agenda tiene un único punto: qué está trabado en una interfaz y quién decide.
El tercero es vincular la aprobación de cada iniciativa estratégica a recursos explícitos en el presupuesto, indicando de dónde salen. Una iniciativa que no le quita nada a nadie rara vez es una prioridad real.
Evaluar la madurez del proceso de planificación, y no solo el contenido del plan, suele ser el punto de partida más útil. Muestra si el problema está en la formulación, el despliegue, la asignación o el seguimiento, y evita que la empresa dedique el próximo ciclo a rehacer la parte que ya funcionaba.
Referencias
- MANKINS, M. C.; STEELE, R. Turning great strategy into great performance. Harvard Business Review, v. 83, n. 7-8, p. 64-72, jul./ago. 2005.
- SULL, D.; HOMKES, R.; SULL, C. Why strategy execution unravels, and what to do about it. Harvard Business Review, v. 93, n. 3, p. 57-66, mar. 2015.
- KAPLAN, R. S.; NORTON, D. P. The Execution Premium: Linking Strategy to Operations for Competitive Advantage. Boston: Harvard Business Press, 2008.
- RUMELT, R. P. Good Strategy/Bad Strategy: The Difference and Why It Matters. New York: Crown Business, 2011.